Escribo mediada la 37, pero es que no he tenido forma de hacerlo antes,
sorry for the delay...
La semana pasada tenía cita con el anestesista y la matrona; con el anestesista las cosas fueron regulares; me estaba haciendo una especie de historial cuando al comentarle que tenía una hemorroide me dijo que entonces, el día que me pusiera de parto, y según llegara al hospital, pidiera ser visitada por un ginecólogo en lugar de por una matrona, ya que teniendo este "problemilla", lo más probable es que tuvieran que hacerme cesárea. A partir de este momento entré en modo "negativo" y el resto de la visita fue bastante tenso. En primer lugar no lo había oído jamás, que una hemorroide fuera una razón para acabar con una cesárea, y ya es raro, teniendo en cuenta el alto porcentaje de embarazadas que las sufren, no...? Así que le hice la cruz a este señor, y a sugerencia de mi hermano Carlos, ahora mi hemorroide se llama igual que él ;-)
Ni que decir tiene que removí Roma con Santiago para verificar la información que me había dado este señor, y nada, que no se hacen cesáreas por hemorroides, y que ciertamente muchas llegamos con ellas al día D. Así que un problema menos.
Y después, respecto a la visita con la matrona, pues comentar que era una diferente a la que me ha llevado todo el embarazo ya que la de siempre está de vacaciones; una chica muy maja y muy alegre que me animó bastante, la verdad. Desmintió
tajantemente lo de la cesárea por hemorroide y fue la única que se animó a echarle un vistazo. Por suerte, y sobre todo gracias al
Hemoal, la cosa ya pinta mucho mejor, aunque no ha desaparecido, pero eso casi que es lo de menos a estas alturas.
Escuchamos el corazón del bebé (esta vez
papi pudo venir, que desde abril
prácticamente no había vuelto a escuchar a su hijo) y la matrona bromeó diciendo que era todo un gato (por ser yo madrileña) por la potencia y ritmo tan fuerte que llevaba el
enanillo. Sigue colocado como toca, cabeza abajo y con la espalda en el lado derecho de mi abdomen, aunque juraría que la semana pasada estaba colocado en el lado izquierdo, primero porque hubo un día que le noté moverse mucho y con grandes esfuerzos, y segundo, porque después de tanto movimiento, los
piececillos estaban en el lado opuesto. Pues nada, se ve que ha vuelto a hacerlo pero esta vez no me he enterado!
Me pesó y por suerte parece que sólo llevo cogidos unos 6 kilos en todo el embarazo, algo bueno tenía que tener el
sobrepeso inicial!
También me hizo la prueba del estreptococo (
palito por delante y por detrás) y ahí, por primera vez en lo que llevo de embarazo, salieron a la luz mis terrores a que me toquen por ahí, pues me cerré como una ostra y me puse bastante nerviosa. Ante la perspectiva de dar a luz en pocas semanas, la matrona me dio una
charlita cariñosa acerca de lo necesario que es que aprenda a relajarme y confiar, pues el día del parto tendrán que hacerme algunos tactos y conviene que se lo permita, básicamente porque me dolerán menos que si contraigo toda la musculatura vaginal. Uf, qué agobio!

También salió a la luz que vengo padeciendo una infección vaginal por hongos desde hace bastante tiempo, a juzgar por la
colonización existente, y me he tenido que tratar con óvulos, y el
papi también, pero con una pomada (pregunta de la matrona: ¿pero todavía mantenéis relaciones...? y un "sí..." medio avergonzado por respuesta)
Y después de la visita con la matrona, aprovechamos el día libre del
papi para ir a comprar las cosas que venimos necesitando últimamente, a saber, una televisión nueva ya que la vieja hizo "
plof" el otro día y le empezó a salir humo, y un colchón nuevo para el cuarto pequeño, para cuando llegue mi madre, que el viejo era una caca de vaca.
De mis insomnios sigo igual, algunas noches sólo duermo 3-4
horillas, y ya he comenzado a aficionarme al
infurelax y a leer de madrugada hasta que el sueño vuelve, porque lo de estar dando vueltas en la cama era criminal.